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sábado, abril 04, 2009

EL MEDITADOR DE LA CIA 2a. Parte

Observaba meditar a John en su tarima, apenas por encima de mí, envuelto en una manta blanca e inmóvil como una estatua de yeso. Se veía relajado y concentrado; su frente estaba laxa y sus labios dibujaban una ligerísima sonrisa que casi me parecía burlona, como si con sus ojos cerrados pudiese ver algo que a mi me era negado, como si con aquellas grandes orejas de lóbulos anchos oyese algo más que el silencio de la naturaleza. John había dado aquel primer paso. No sé hacia qué , pero desde luego si hacía una que provocaba una calma que flotaba a su alrededor como un halo.
¡Extraña historia, la suya! Había nacido en Pensilvania en 1930, hijo de una humilde familia de mineros. Empezó a trabajar como mecánico y después como fotógrafo. Mientras cumplía el servicio militar, fue destinado a Japón: el proceso contra los criminales de guerra en Tokio tocaba a su fin, y John fue enviado para fotografiar a los imputados mientras les eran leídas sus sentencias de muerte. Una vez licenciado, regresó a los Estados Unidos, estudió en la universidad y logró ingresar en la CIA. Allí fue adiestrado en una tarea muy particular: abrir y cerrar todo tipo de cerraduras sin que nadie lo advirtiese. Las de una casa, de una oficina, de una embajada o incluso de una caja fuerte. Sus misiones consistían en llegar a una ciudad, estudiar durante semanas un edificio para poder entrar en él, fotocopiar documentos y regresar a casa. En 1950 fue enviado a Trieste y, después, a Roma. Llegó a Tailandia en 1954, para adiestrar a la policía fronteriza. Allí quedo impresionado por el budismo y empezó a meditar. Pasaron algunos años; en la CIA creyeron que su agente se había vuelto loco, de modo que le concedieron una pensión de invalidez por . Mientras tanto, John dirigió el Oriental Hotel de Bangkok durante un tiempo, después se casó, tuvo dos hijos y siguió meditando hasta convertir la meditación en su nueva misión.
En el tercer Discurso del atardecer sobre el Dharma, (un lenguaje que me revolvía el estomago), John dijo que la gran contribución de Buda fue la de haber entendido que la esencia del mundo esta en su inestabilidad, en su falta de permanencia o niiccia. De ahí viene todo el sufrimiento. La única vía para salir del dolor consiste en tomar conciencia de esa aniiccia.
Y así, pasados tres días de anapanaa, de concentración en el punto inmediatamente bajo la nariz donde la respiración toca la piel para tomar conciencia de las sensaciones de contacto, de calor y de movimiento del aire, pasamos a la autentica meditación: la vippasanaa o meditación interna. Ahora se trataba de dirigir aquella , a la contemplación del propio cuerpo.
Teníamos que empezar fijando toda la mente en aquel punto bajo la nariz, para después moverla hacia arriba, hacia el centro de la cabeza ---- entendí porque muchas estatuas de Buda tienen una llama en ese punto ----; y entonces, desde el punto más alto del cuerpo, muy lentamente y sin perder el control, debíamos trasladar la mente a la piel y debajo de ella, al cráneo y al interior del cerebro, a los ojos y a la nariz, y descender despacio hacia el interior del pecho (a los pulmones, el corazón, las venas, los huesos, el estomago) y aun más abajo, hacia las piernas y los dedos de los pies. Y no debíamos pensar en ninguna otra cosa, sino que nuestra mente debía ser como una linterna apuntando en la oscuridad de una caverna, debía tomar conciencia de cada sensación y darse cuenta de como todas ellas son transitorias; de como el dolor, el placer, la caricia del viento o un sonido, son siempre transitorios. Seguid conociendo la aniiccia.... La Aniiccia lo es todo>, repetía John con voz lenta y profunda. Conocer la aniiccia. Una hora tras otra, un día tras otro. Sin intercambiar una palabra con nadie y siempre conscientes de cada gesto, de cada paso al caminar, de cada bocado al comer, aunque estuviésemos fuera de la meditación. Podíamos sentir como cada sorbo de agua descendía hacia nuestro estomago, hasta posarse en él.
Alternándose en la tarima con el general, John empezaba sus horas de meditación con una plegaria que esperaba con placer:

Que todos los seres puedan liberarse
de la ignorancia, de los deseos, de las aversiones.
Que todos los seres puedan liberarse
del sufrimiento, del dolor, de los conflictos.
Que todos los seres puedan llenarse de infinita
gentileza amorosa y ecuanimidad.
Que todos los seres puedan alcanzar
la total iluminación>.

Y yo esperaba su amén aun con mayor placer, porque con él llegaba el final de la tortura. No hacía ningún progreso. Con grandes esfuerzos y dolores, conseguía estar más quieto que al principio, pero no estaba allí para eso. Mi objetivo era aprender a meditar, pero mis logros equivalían a cero. Me sucedía exactamente lo que un famoso monje muy versado en la meditación le dijera a John años atrás: .
A medida que pasaban los días, John me resultaba cada vez más y más convincente. No había en el nada de falso o presuntuoso. Era un hombre simple que creía haber descubierto una gran verdad. Era un laico que hacía un ejercicio no necesariamente religioso, pero si espiritual.
Cada vez que entraba o salía de la terraza de meditación, se volvía al Buda para saludarle con las manos unidas a la altura del pecho: simplemente, un gesto de agradecimiento y de respeto por haberle indicado el camino del Dharma. No había en el la menor traza de esa religiosidad chabacana de tantos otros convertidos.
¿Se trataba acaso de la que, según el joven adivino de Kentung, debía encontrar? Los hechos parecían coincidir perfectamente con la profecía; pero cuando John nos explicó en su discurso del atardecer que en sus inicios en Tailandia nadie quería enseñarle a meditar, hasta que finalmente encontró en Rangún a su gran maestro, noté un ligero escalofrío. , dijo. ¡Si! ¡Era el mismo nombre! , me había dicho el joven de Kengtung, . ¡Lo estaba siguiendo!
U Ba Khin era birmano. Nacido en 1899, entró en la administración colonial inglesa e hizo carrera en ella. Cuando en 1948 la Unión Birmana alcanzó la independencia, fue nombrado director general del Ministerio de Economía, Devoto budista, mostró interés por la meditación desde su juventud, y decidió poner al alcance de los laicos esa práctica espiritual que los bonzos habían monopolizado durante siglos. O se hacía monje, o era imposible meditar.
U Ba Khin empezó impartiendo cursos a sus empleados en el ministerio; después, en 1952, fundó en Rangún el Centro Internacional de Meditación. Cuando murió en 1971, la meditación se había convertido en un ejercicio espiritual accesible a cualquiera, como había sido dos mil quinientos años atrás, en los tiempos de Buda. Su método consistía en concentrar todos los esfuerzos en un curso de apenas diez días, de manera que el laico pudiese volver a su vida normal con la capacidad de meditar por su cuenta.
Según una de las anécdotas que John explicaba para amenizar sus Discursos del atardecer, el primer discípulo de U Ba Khin fue un jefe de estación. Viajando como inspector ferroviario por una remota zona de Birmania, U Ba Khin fue en su búsqueda acompañado por el responsable de la única estación de la zona. Cuando llegaron, una monja les dijo que el maestro estaba muy ocupado y que no recibía a nadie. , dijo U Ba Khin. En lo alto de un largo poste se alzaba una especie de cabaña-nido de hojas de bambú, en la que el monje llevaba varios días encerrado, meditando. Se abrió una portezuela, salió una nube de moscas y, después, U Ba khin vió como se asomaba la cabeza del arahant.
---- ¿Que buscas? ------pregunto simplemente el monje.
---- El Nirvana ---- respondió U Ba Khin.
---- ¿Y como crees que lo alcanzarás?
---- Entendiendo la aniiccia.
---- Muy bien. Entonces, enseña a los demás ---- dijo el arahant. Y, tras cerrar la portezuela, volvió a su meditación.
U Ba Khin ordenó al jefe de estación que adoptase la posición del loto y le pidió que espirase concentrando su atención en el punto en el que la respiración toca la piel.
El haber puesto la meditación al alcance de todos dio nueva vida a su práctica y facilitó su difusión en Occidente. John fue uno de los primeros discípulos de U Ba Khin, y el propio maestro le autorizó a enseñar en Europa.
---- Entonces, maestro, tú que conoces Occidente, no te ofenderás ---- le dije aprovechando el único momento en el que, llamado a su bungaló para referirle mis progresos en la meditación, estuve autorizado a romper mi Noble Silencio ----, no te ofenderás si te digo que en todos estos días no he logrado meditar ni un sólo minuto; que, en lugar de concentrarme en mi nariz, mi mente ha hecho de todo: desde pintar mi casa de campo hasta un proyecto para ampliar mi biblioteca. En lugar de pensar en la respiración, he pensado en cosas que debo escribir y en lo absurdo que me resulta estar aquí; cuando tu dices que pensemos en la , pienso en apretar la tuya, porque me obligas a esta tortura; cuando dices , pienso en las que hay bajo las faldas de todas las tailandesas que hay a mi alrededor. ¡Incluso en las de esa vieja y fea de la última fila!
John rió divertido.
---- No desesperes ---- dijo ----. Todo eso de lo que me hablas es pasajero. Terminará. Es posible que tu mente lleve siglos sin estar bajo control. ¿Y tú quieres domarla de buenas a primeras? ¿En pocos días? Espera. Insiste. Continúa conociendo la aniiccia.
La idea de que mi mente no se hubiese ejercitado me hizo reír. Pero, ¿quien sabe? Podía ser cierto.
Desde siempre, lo que más me ha gustado del budismo es su tolerancia, la ausencia de pecado, la falta de ese peso sordo que nosotros los occidentales, en cambio, llevamos siempre detrás y que, en el fondo, constituye la cola de nuestra civilización: el sentimiento de culpa. No hay nada en los países budistas que sea terriblemente reprobable. Nadie te echa nada a la cara, nadie te sermonea o intenta darte una lección. Por eso, se trata de países agradables, en los que se sienten a gusto muchos jóvenes occidentales que viajan hasta ellos en busca de libertad.
El budismo te deja en paz: nunca te pide nada, y mucho menos que te conviertas al budismo. Una de las prohibiciones de los monjes budistas es la de enseñar su religión a quien no lo pida expresamente; otra ---- muy interesante ---- es la de no jactarse por sus progresos en la meditación. El budismo siempre te deja ser lo que tú quieras. Dice que no hay que matar, pero todos matan. ¿Y los asesinos? Es su problema. ¡Tendrán reencarnaciones malas! Ninguno intenta hacer justicia aquí y ahora. Al contrario: no nos corresponde a nosotros hacerla. Por eso, la caridad no es un deber moral. Al contrario: ayudar a los pobres les impide liberarse de su karma negativo; hacerse cargo de un leproso significa impedir su salvación a través del sufrimiento y privarle de un renacimiento positivo. ¿La casa del vecino arde? ¡Tendrá algo que ver con su vida anterior!
Más que una religión, el budismo es un modo de vivir; es una interpretación del mundo desde el punto de vista de una sociedad campesina que, al estar siempre muy cerca de la naturaleza, necesita explicarse su absoluta crueldad. En la naturaleza no hay justicia; en ella nunca se pasan cuentas. Entonces, ¿por que querer pasar cuentas entre los hombres, si estos también son parte de la naturaleza?
El budismo tampoco tiene aspiraciones de conquista, no es misionero ni va a la caza de almas. ¿Quieres ser budista? ¿Si? ¡Lograrlo es tu problema! Por eso, nunca se ha enseñado la meditación. Y no es casualidad que la difusión mundial que hoy vive el budismo ---- además de por el fenómeno tibetano ---- se deba principalmente a los convertidos occidentales que, al no haber perdido su instinto de cruzados, abren centros por doquier para difundir esta religión.
En el fondo, si se toma en serio y se lleva a sus últimas consecuencias, el budismo es la negación de la sociedad civil y, en consecuencia, del progreso. Si todo es transitorio, si no es posible huir de la ley de causa y efecto y la única salvación consiste en adquirir indiferencia por la vida, en meditar para escapar del terrible ciclo de nacimiento y muerte, entonces nada tiene importancia, todo es inútil, todo debería detenerse: una visión de gran pesimismo y de consecuencias nihilistas.
¿Que sociedad resultaría si sus miembros llevasen estas ideas a sus últimas consecuencias? Una sociedad auténticamente budista solo podría ser inmóvil e inactiva. Por supuesto, en la práctica no ha existido nunca una sociedad así, sino que todas han seguido existiendo gracias a una formula de extrema tolerancia: han dejado meditar a los monjes (por lo general, solo a los menos dotados, mientras que los más inteligentes se dedicaban a la doctrina) y han dejado que la gente manteniendo vivos los monasterios con sus donaciones. Los comunes mortales seguían viviendo según su naturaleza, mientras que los bonzos servían con su ejemplo para recordar todas las virtudes que los demás no podían alcanzar. Así, se establecía un equilibrio y la sociedad avanzaba, olvidando el pesimismo.



Sanuk


sábado, marzo 28, 2009

EL MEDITADOR DE LA CIA

Quiero compartir con los lectores de mi blog (como he hecho en otras ocasiones), algo que escribió el magnífico periodista y escritor Italiano Tiziano Terzani, sobre su experiencia Budista y meditativa.
De su libro que por cierto recomiendo mucho leer, "Un Adivino me dijo", viene este capitulo que me pareció que interesará a aquellas personas que como yo, seguimos buscando, leyendo y experimentando esto de la meditación.





Por el tamaño de lo escrito, hemos decidido publicarlo en tres partes. Aquí va la primera.

EL MEDITADOR DE LA CIA

Y así....., yo también fui capaz. Tan quieto como una piedra, sentado en el suelo con las piernas cruzadas y las manos a la altura del ombligo, una sobre otra, con las palmas vueltas hacia arriba; la espalda recta, los hombros relajados, los ojos cerrados......
Pensaba solo en la punta de mi nariz, buscando ese instante en el que la respiración, lenta y ligera, entra y sale hasta que toca un preciso punto de la piel. Así, una hora tras otra. Un día tras otro: sin pronunciar palabra, comiendo vegetariano ---- la última comida, antes del mediodía ----, traerme, intentando ser consciente de cada gesto, de cada pensamiento, de cada sensación.
La meditación: había pasado media vida en Asia y nunca me había interesado en practicarla. Oía hablar de gente que lo hacía, que acudía a cursos, pero me parecía algo que nada tenia que ver conmigo: cosas para desorientados, una respuesta evasiva a los problemas del mundo. Resulta increíble, pero así es. Había visitado decenas de templos en China, en Japón, en el Tíbet, en Corea, en Tailandia o en Indochina; había pasado días y días en monasterios budistas, pero nunca me había planteado el tema de la meditación. ¿Para que sirve? ¿Como se practica? ¿Cual es su sentido?
Había acumulado diversos Budas y convivido con ellos ---- uno birmano, de bronce, presidió silenciosamente mi biblioteca durante más de veinte años-----pero lo hice solo atraído por la belleza plástica de las estatuas. Nunca me había preguntado que hacían allí, sentados en la posición de loto, con aquella sonrisa magnánima, los ojos semicerrados, una mano sobre la rodilla y la otra tocando el suelo. De verdad que nunca me lo había preguntado, como alguien que no se haya preguntado nunca por el sentido de ese Cristo crucificado que tiene sobre su cama desde que nació.
Pero la vida es un continuo desaprovechar. ¡Con cuanta buena gente tropezamos sin darnos cuenta de ello, y cuantas cosas buenas nos pasan desapercibidas por el camino que hacemos cada día, de vuelta a casa! Pero siempre encontramos la ocasión precisa: por alguna especie de azar alguien te detiene y te hace prestar atención a esto o a aquello. El camino que me había llevado al retiro de Pongyang fue un autentico laberinto, pero al final, en parte atendiendo a los consejos de los adivinos ---- ¡Medita!, me dijeron muchos de ellos ---- y en parte siguiendo los guijarros blancos diseminados por Karma Chang Choub, decidí hacer caso a Leopold. Después de haberme hablado de su maestro en tantas ocasiones, Leopold me dijo en noviembre que John Coleman vendría a Tailandia para celebrar uno de sus famosos cursos y me recomendó inscribirme en el.
---- Debes entender la meditación ---- decía ----, de otro modo, ¿que has estado haciendo todos estos años en Asia?
La idea de aprender a meditar gracias a un americano ex agente de la CIA me pareció extraña, pero es bien cierto ---- como Leopold decía ---- que a veces se necesita a un mediador occidental para llegar a entender ciertas cosas de Oriente.
El retiro se hallaba en Pongyang, en el Norte de Tailandia. Se trataba de una serie de bungaloes de madera y techo de paja, esparcidos en el lado de un valle estrecho y verdísimo entre gigantescos arbustos de bambú, manchas de flores y poblados bosquecillos; en el otro lado del valle se alzaba la vieja jungla, con sus árboles de enormes y espumosas copas. El pabellón de meditación era una terraza de madera, escasamente alejada de una cascada de aguas espumosas. Después, el torrente formaba un pequeño lago rodeado de flores rojas y naranjas.
La jornada empezaba antes de la salida del sol con el sonar de un gong que, desde la terraza, retumbaba gentil pero severo por todo el valle, haciendo que muy pronto apareciese la treintena de linternas de los participantes que, como luciérnagas en la oscuridad, remontábamos la colina. Después, cada uno ocupaba un puesto sobre su cojín cuadrado y meditaba durante una hora encarado a una tarima baja situada junto a un pequeño altar con un Buda y algunas flores, sobre la que meditaba el . Seguían el desayuno, dos horas de meditación guiada con un intervalo de quince minutos, el almuerzo ---- vegetariano ---- a las once, dos horas de reposo y, después, de nuevo dos horas de meditación. Al atardecer recibíamos una lección sobre el Dharma, la vía de Buda. El gong marcaba el ritmo de las horas. Sonaba por última vez, lento y caluroso, a las nueve: la hora de acostarse.
Necesite doce horas de tren y una de automóvil para llegar a Pongyang, pero estuve a punto de irme en el preciso instante en que llegué. Cuando lo hice, el resto de participantes ya estaba allí. Se trataba en su mayoría de mujeres de mediana edad: ninguna era hermosa, ninguna era amada, pero todas eran inteligentes y aun sentían curiosidad, de manera que ninguna aceptaba los mediocres roles que la sociedad les asignaba y, por ello, todas se hallaban en plena crisis vital. Eran el mismo tipo de mujeres que había encontrado en mis visitas a adivinos a lo largo del año. Las tailandesas eran las más ricas, mientras que las extranjeras se habían curtido en otras meditaciones ----algunas de ellas, como ocurre con todos los convertidos, eran fanáticas budistas ----. En cuanto a los hombres, no había ni uno solo interesante. Un suizo decía estar allí porque la salud era su ; otro, un pintor canadiense, porque la meditación le ayudaba a pintar mejor. Y yo, ¿que hacía allí? Me sentía como el paciente que, en la crujía de un manicomio, intenta convencerse de que esta allí por error, o de que no se encuentra en condiciones tan graves como las de sus vecinos.
Además de eso, los ---- John Coleman tenia un asistente y traductor tailandés ---- formaban una insólita pareja. Coleman, un hombretón grande y pesado, juvenil y simple, no tenía en absoluto ese aire ascético y santo que me esperaba en un meditador. Su asistente ---- de unos sesenta años, flaco, tieso y elegante, con sus cabellos blancos cortados al cero como un marine ---- parecía exactamente lo que era: un general de la policía.
John y el general se conocieron en Bangkok a principios de los años cincuenta. Y fue precisamente este último ----entonces un joven capitán-----, quien introdujo a John ---- en aquel tiempo, un joven agente secreto norteamericano con la cobertura de businessman ---- en la senda de la meditación. Con los años, el capitán hizo carrera: fue aide de camp del rey y se había jubilado recientemente con la fama de haber sido uno de los jefes de policía más honestos que jamás haya tenido Tailandia. Devoto budista, había practicado la meditación durante más de cuarenta años, y ahora se tomaba como un autentico deber el enseñar a los demás.
Vencí mi arrogancia y decidí quedarme. Los primeros días fueron muy duros. La posición del loto me parecía muy cómoda apenas me sentaba, pero después de un cuarto de hora se hacía insoportable y, después de media hora, se convertía en una autentica tortura: mis rodillas parecían llenarse de alfileres, la espalda era un puro calambre y el deseo de moverme se hacía fortísimo. No conseguía ni siquiera por un instante. En lugar de concentrarse en el punto en que la respiración toca la piel, mi mente se convertía en , como John nos había advertido que podía suceder, y era del todo incapaz de crear .
---- Piensa solo en ese punto, siente solo la sensación de tu respiración tocando la piel. Piensa solo en ese punto..... ---- decía muy despacio John, sentado en su tarima como un enorme Buda de cera ----. En el instante en que la respiración toca la superficie de la piel, los tejidos nerviosos responden con una sensación, con la experiencia del tacto.... Sé consciente de esa sensación.... Sé consciente de la respiración que entra, que sale.... y los fuegos de la avaricia, del odio, de la ignorancia, del deseo, de la aversión, se extinguirán, y la mente quedara en calma, serena, libre del miedo y de la angustia....
Yo tenia los pies debajo de las rodillas, los ojos cerrados, las manos quietas, pero cuando no se fijaba en el dolor de las piernas o en mis ganas de levantarme y gritar, mi cabeza iba en todas direcciones: huía sin que pudiese retenerla. No la dominaba: no era mía. Inútil. El dolor se hacía insoportable y, antes de que John anunciase el final de la hora (interrumpiendo el silencio con su amen particular: ), yo cedía, me movía, cambiaba de posición, abría los ojos.......y me sentía frustrado viendo como los demás continuaban con total serenidad.
Estuve a punto de irme en varias ocasiones. ¿Que sentido tenia permanecer con los ojos cerrados ante una naturaleza tan hermosa? ¿Que sentido tenia pensar en negarme todo pensamiento e imponerme artificialmente un dolor, si antes o después la vida entregaría a todos una dosis, incluyéndome a mi mismo?
Escuche los primeros sermones del atardecer irritado por su mensaje.
---- En la vida, todo es sufrimiento. Se nace provocando sufrimiento, se muere sufriendo. Se sufre por lo que se quiere, se sufre cuando se tiene por miedo a perderlo.... ----- decía John. Me fastidiaba oírle hablar de o de . La idea era que, tras pasar los primeros tres días pensando únicamente en ese punto donde la respiración toca la piel, la mente lograría calmarse. Tanto el ejercicio ---- llamado anapanaa ---- como su explicación me parecieron intelectualmente humillantes.

Sin embargo, no faltaban los placeres. Uno era el silencio. En la ceremonia de apertura, nos comprometimos de manera bastante formal a respetar los Cinco Preceptos durante la duración del curso: no matar (y esto valía para todo ser vivo, incluidos los mosquitos, por lo que en Pongyang no se usaban insecticidas), no mentir, no tomar lo que no fuese dado, no tener relaciones sexuales () y no tomar sustancias intoxicantes (este se refería a no beber café ni fumar). Además, nos comprometimos a no comer pasado el mediodía, a no llevar joyas, a no usar perfumes y a no dormir en una cama demasiado cómoda. También debíamos guardar el Noble Silencio (es decir, no molestar a los demás hablando o murmurando). Eso me resultó magnifico.
Durante los paseos entre una y otra meditación nos cruzábamos con los otros participantes, pero no era necesario entablar conversación: bastaba con un mudo ademán de la cabeza. En la mesa no había necesidad de decir cualquier cosa para llenar vacío, a veces insoportable, con banalidades aun más vacías. Cada uno estaba siempre a solas consigo mismo.
El silencio fue un gran descubrimiento porque, sin las palabras de los demás, me di cuenta de que la grandiosa belleza de la naturaleza está en su silencio. Miraba las estrellas y notaba su silencio; la luna no hacía ningún ruido y el sol salía y se ocultaba sin ni siquiera un murmullo. Incluso el fragor de la cascada, los gritos de las aves o el soplar del viento entre las frondas de los árboles, me parecían parte de un extraordinario, animado, cósmico silencio del que gozaba y en el que hallaba la paz.
Me pareció que el del silencio era un derecho natural que nos han quitado. Pensé horrorizado en cuanta vida se nos va aplastada por la cacofonía que nos hemos inventado con la ilusión de que nos cause placer o nos haga compañía. Todos deberíamos reafirmar este derecho al silencio de vez en cuando, y concedernos una pausa: una pausa de varios días de silencio para escucharnos a nosotros mismos, para reflexionar y recuperar un poco de higiene.
Otro placer venía del esfuerzo. Con el paso de los días, el haberse comprometido a respetar las prohibiciones adquiría cada vez más valor, y el mantener ese compromiso nos daba la sensación de obtener una fuerza. John decía que aquel esfuerzo servía para necesaria para alcanzar el estado de meditación. Y era cierto que, lentamente, el hecho de realizar un esfuerzo nos hacía merecedores de alguna recompensa. , repetían John y el general, dándonos a entender que, a fuerza de concentrarnos en aquel punto donde la respiración toca la piel, tomaríamos el control de nuestra mente y, con ello, nos abriríamos nuevos horizontes.
Aquella era la verdadera razón de que yo estuviese allí. Durante todo aquel año pasado entre adivinos, de alguna manera había terminado por encontrarme frente a la palabra y quedar fascinado por la posibilidad de sus . Se me ocurrió pensar que el uso de la mente en Occidente se había ido limitando a causa de una serie de distintas razones, y que con ello se había perdido gran parte de su capacidad. Me interesaba descubrir aquella vía olvidada, si es que había existido realmente. ¿Podía atrofiarse la mente como cualquier otro órgano que no se aproveche en todo su potencial?
Pensaba en mí mismo. Desde hace años, corro algunos kilómetros cada mañana, hago gimnasia e intento ejercitar los músculos que me son más útiles. ¿Pero cuando me he ocupado de mi mente? ¿Cuando he hecho ejercicios para forzarla, para permitirle demostrar donde es capaz de llegar? La mente es uno de los instrumentos más sofisticados que tenemos a nuestra disposición, y ¡no la tratamos con el mismo cuidado que dedicamos a los músculos de las piernas! No la enseñamos a concentrarse, no la adiestramos en el desarrollo de ciertos poderes que algunos le han atribuido en el pasado.
Alexandra David Neel, la extraordinaria exploradora francesa del Himalaya durante la década de los treinta, hablo de lamas tibetanos capaces de desmaterializarse con la mente, y de otros capaces de comunicarse entre si a gran distancia. ¿Todo falso? Quizá no. Quizá hay algo en la mente humana que hemos perdido con el tiempo. La hipótesis de que en algún rincón del mundo todavía existan seres humanos capaces de usar la mente de ese modo, empujó a algunos europeos a recorrer Asia en su búsqueda. En 1924, un joven inglés llamado Paul Brunton recorrió la India en busca de yoguis, eremitas y faquires, intentando entender como pudieron alcanzar una a través de un ejercicio de la mente que según el, estaba haciendo desaparecer la modernización.
El primer paso de todas las distintas vías hacia aquella era la meditación. Así pues, era necesario entender su significado.

Continuará....

Sanuk


domingo, marzo 08, 2009

Meditación en Coacoatzintla Xalapa con el Venerable Bhikku Nandisena.

Después de un año y medio por fin vuelvo a intentar cuatro días no en completo silencio, sino solo Noble Silencio en un monasterio Budista aquí en México.Salimos de Cuernavaca con mi prima y dos amigas suyas para recoger en Cholula al hijo de una de ellas. Después de un rico desayuno en Cholula, nos encaminamos para llegar al pueblo de Coacoatcatzintla que se encuentra a 10 Km. de Xalapa. Allí nos espera un hombre que junto con su esposa, atienden al Venerable Bhikku Nandisena que vive en este Monasterio que se sostiene por las aportaciones que algunas personas han venido dando durante años, pero que en los últimos años han disminuido.

Una de las amigas de mi prima de nombre Vicky (junto con otras personas) se encargan de la atención y manutención del lugar. Como suele ser en estos centros Budistas, las contribuciones son voluntarias, pero en esta ocasión se fijó una cuota muy moderada que me pareció buena idea, porque desgraciadamente aquí en México no falta la persona que va y luego no deja nada.

En la camioneta de Juan (el hombre que nos recoge), nos encaminamos por un camino de brecha varios kilómetros para finalmente llegar a este precioso lugar.Como en una meseta rodeada de montanas, se levantan unas cuantas construcciones sencillas que forman este monasterio. Sin importar la sencillez del lugar, el pequeño templo me pareció encantador. Con una escultura grande y bonita de Buda, piso de madera, inciensos y un ambiente silencioso, con el olor del campo, nace el deseo de meditar.



Lo primero que hacemos después de dejar nuestras cosas en las habitaciones designadas es ir a conocer al Venerable Bhikku Nandisena.
El es un hombre alto, robusto, vestido con su tunica color morado y nos recibe con una de estas sonrisas que solo he visto entre los monjes y personas budistas.


El Venerable se desempeña como Abad del monasterio Dhamma Vihara en México. Es guía Espiritual del Centro Mexicano del Budhismo Theravada A.C., representante de México ante la conferencia Mundial de Buddhismo, editor y traductor de varios libros del Pali al Español. Uno de ellos es el libro "Raíces Pali en el Saddaniti".

Bhikku Nandisena inmediatamente me eclipsa con su personalidad y una mirada profunda y expresiva que le dan unos bonitos ojos azules.El es originario de Argentina y vivió muchos años en Burma, para encontrarse actualmente en Xalapa y compartir sus enseñanzas con aquellos que lo deseemos.Esa tarde tuvimos una plática muy ligera para conocernos, conocer el lugar y comprometernos a las reglas (no tan exageradas como a las que me sometí en Tailandia) que nos sometimos por solo cuatro días.

Como soy despistada, aun después de recorrer el lugar, ya que por la noche atenderíamos a la primera meditación en el templo, yo me perdí.
Los pisos son de madera y al parecer mis pisadas se escuchaban en el templo mientras involuntariamente yo me paseaba por el piso superior en donde se encuentran las habitaciones del Venerable. Eso sí, él, muy normal, decidió pararse de su meditación e ir a mi encuentro, cosa que me hizo sentir apenada al mismo tiempo que salvada.

La comida aunque vegetariana en su mayor parte (pues un día nos dieron pescado porque al Venerable se lo recomendó el medico), me pareció deliciosa.Vicky, Monica (mi prima) y Celia, decidían y cocinaban esta. A mí y a Víctor, nos tocaron actividades distintas. El barría y limpiaba áreas afuera de las instalaciones y yo me encargaba de poner, cambiar y mantener las flores de los floreros en el Templo y en el lugar donde comía el Venerable.


Este lugar, también tenía una interesante escultura de Buda con otras más, varios floreros y un ambiente igualmente agradable. Ahora que lo incomodo de todo esto, fue el terrible frío que pasamos, porque el viento se colaba por todos lados y por las mañanas el campo amanecía congelado. Nuevamente por mi despiste, la primera noche no me fije que mi ventana se quedo abierta y casi amanezco convertida en estatua de hielo. Esa primera mañana, alrededor de las 7 a.m. después de meditar y desayunar, tuve que tocar agua y nuevamente casi me convierto en muñeco de nieve.





Fue muy interesante atender al Venerable y compartir con él no solo sus enseñanzas, sino también las dos comidas que hacíamos al día.

Como en todas estas prácticas (que he relatado con más detalle en Agosto del 2007 en que tomé mi primer curso), tienes mucho tiempo de estar contigo misma y esto se convierte en una especie de psicoanálisis.Yo que soy algo inquieta y siempre quiero ver todo lo que me rodea, creo no haber dejado un solo lugar por los cerros y explanada sin explorar. Los bichos, las plantas, los hongos, los dos perros y el gato que vivían con nosotros, fueron objetos de mi atención y compañía. Víctor también gustaba de explorar estos cerros con su cámara fotográfica (el es fotógrafo), por lo que en alguna ocasión llegamos a toparnos en estos sitios.

Reforcé mi meditación y aprendí a meditar caminando. Esto se me hizo muy interesante y enriquecedor, al mismo tiempo que te permite caminar en vez de estar tanto tiempo sentada.
Podíamos caminar por donde se nos antojara, así que más de una vez (aun con el frío), me descalcé para sentir la hierba en mis plantas de los pies.El sol como suele ser en la montaña, a medio día, pegaba fuertísimo y era un placer poder quitarte ropa, guantes, gorro y sentirlo en la piel.
Por las tardes las pláticas diarias con el Venerable eran muy interesantes y reforzó mucho lo poco que sé del Budismo en teoría.Nos hablo de los preceptos y aquí comparto algunas de estas cosas.......

Primeramente recordar que la razón del sufrimiento es la Ignorancia y sus raíces son: el apego, el enojo, la preocupación, etc. A esto se le llama la ignorancia manifiesta.Porque también existe la ignorancia latente, que es cuando la mente no es insana. Aun así, la ignorancia latente sigue teniendo un efecto negativo.Todo esto se prevé con recta visión, lo cual nos permitirá prevenir el sufrimiento, porque es la ignorancia la que nos evita ver la realidad.Esta recta visión nos conduce al primer paso del Noble Sendero que a su vez es la cuarta noble verdad del camino que lleva al fin del sufrimiento.
Este es el principio de la práctica y seria el principio de la enseñanza.El sufrimiento exterior se evita con ética la cual nos da equilibrio personal y psicológico, evitando el sentimiento de culpa, que es otro estado mental insano.

La Culpa siempre es un estado insano asociado con la raíz del enojo. En pali se dice Kukucha, que se traduce también como preocupación. Asociado con acciones incorrectas que uno realizó, o que simplemente tu consideras incorrectas. Puede estar también relacionado con cosas buenas que dejamos de realizar, estas suelen estar vinculadas con las tradiciones, educación o enseñanza que no precisamente son VERDADERAS, pero que nos hicieron creer que si lo son.
Los estados sanos serían estados en los que se tenga moral y vergüenza, cosa que se logra practicando la tolerancia que en esta época pareciera que cada día es menor. Sobre todo la tolerancia religiosa y racial.

Los seres humanos somos capaces de transformarnos a nosotros mismos y al mundo, entendiendo la cantidad de sufrimiento evitable en el.
El Buda dijo que este recto entendimiento es como la aurora que anuncia todo lo sano que puede existir dentro de uno.
Porque para tener una creencia correcta tiene que ser a través del Kama (acciones que cometemos), pues estas son nuestra única propiedad y son nuestra propia herencia de otras vidas. Antes de cometer cualquier acción hay un estado mental previo a estas que en pali se denomina: Chetana- la abolición.
Esto deja una potencialidad que se acumula y produce un efecto al que llamaríamos: Las experiencias de vida y que se dice que mientras existan estas potencialidades continuaremos en esta vida y a su vez continúan después de la muerte. Al morir, dejaremos nuestras propiedades como cosas y personas, pero las acciones continuarán.Las acciones de esta vida trascienden y por eso mismo, debemos abstenernos de las malas, entendiendo realmente el concepto de lo bueno y malo primeramente.
El Buda nos dice que: "Uno mismo es realmente el protector de si mismo. Entrenándose a si mismo, uno obtiene un protector difícil de obtener".Esto último es solo un trocito de todo lo que nos hablo el Venerable pero los invito a entrar en su página y escuchar de su viva voz todas sus enseñanzas. Aquí el link para acceder a ella:

http://www.dhammavihara.org/orientacion.htm

De nuevo, otra vez, experimenté algunos momentos de verdadero silencio. Cuando eso sucede es cuando se piensa que vale la pena seguir intentando.Cree uno subir una escalera que tiene un solo peldaño sin darte cuenta de que existen muchos otros mas..... Aplasta uno las nalgas y se inmoviliza en el piso con la esperanza de obtener un misterioso estado de iluminación, pero solo cuando tus ideas estancadas se tornan fluidas obtienes la primera explosión de consciencia que, por supuesto, crees que es para siempre, pero no es así si no se continua practicando.

Porque lo que no cambia se estanca. La adquisición de la fluidez se asemeja a una piedra que cae en el centro de un lago. De este choque surge una onda circular que da origen a una más grande. Círculos que continuaran multiplicándose hasta cubrir la superficie entera del agua. Así es la expansión de la consciencia, pero con una diferencia: el lago mental es infinito y es por eso que cuesta tanto controlar este estado y darle estos momentos de silencio que son tan necesarios para el descanso, pero que para mi no deben bloquear al mismo tiempo ese pensamiento que quiero que fluya pudiendo tener ratos de silencio. Porque al menos para mí, esta meta no la visualizo a corto plazo y quizás será inalcanzable. ¡Pero vale la pena seguir intentando!

La Segunda Conferencia de La Asociación de Universidades Buddhistas Theravada tendrá lugar en Sagaing (ver foto), Myanmar, entre el 4 y 8 de Marzo, 2009. En esta conferencia participarán estudiosos de veinte países. Nos complace anunciar que México estará representado por el Ven. Bhikkhu Nandisena quien presentará dos ponencias. La primera ponencia a ser presentada en el panel de Literatura Pali consistirá en una exploración de la obra "Raíces Pali en el Saddaniti" del Ven. U Silananda (leer ponencia-inglés). En la segunda ponencia el Ven. Bhikkhu Nandisena expondrá acerca de su labor de divulgación del Dhamma en los países hispanohablantes.

Sanuk


lunes, enero 12, 2009

Terminaron las Fiestas

¡Que alivio!, terminaron los festejos navideños y con ellos tanto ir y venir de coches y gente. Como ya comenté en mi anterior relato, hay un afán de diversión por obligación que a mi sigue sorprendiéndome.Nosotros no pudimos quedar completamente fuera de esto, ya que México es un país con muy poca diversidad de nacionalidades y creencias religiosas que no sean las derivadas de Cristo de manera que hay que festejar el "supuesto nacimiento de este".



La increíble pista de hielo junto con las diversiones en el zócalo, me parecieron muy buena idea para que la gente de pocos recursos pueda disfrutar de estas actividades. Pero no se porque motivo el día que yo fui a ver esta pista y me quede como 40 minutos, no patinaba nadie que no fueran los empleados vestiditos de rojo y que se contrataron para organizar y controlar todo. Mientras tanto, bajo el sol, muchas familias hacían cola para tener oportunidad de patinar. Quiero creer que llegue en el momento en el que seguramente hay que dejar descansar la pista para que no se descongele pero me pregunto entonces, ¿porque los empleados patinaban, conversaban y se comportaban como cualquier persona que hizo la fila y obtuvo su lugar para disfrutar? No obtuve respuesta, pero las fotos que tomé, lo atestiguan.


La ciudad se adornó como siempre y aquí sobre la Avenida Reforma, se organizó la fiesta para el que quisiera compartirla. Ya que vivimos tan cerca de esta avenida y por recomendación de algunos vecinos, decidimos pasar la noche del 31, solo en compañía de una amiga que vino a cenar con nosotros para después salir a ver lo que ocurriría sobre esta avenida.


Después de nuestra cena, nos aventuramos para observar y disfrutar la fiesta. No cabe duda de que soy muy crítica y de que no puedo dejar de hablar de lo bueno tanto como de lo malo. La fiesta vista temprano y como la vivimos nosotros (solo una hora u hora y media), se desarrolló mas bien de forma familiar y amena.Gente de todos los estratos sociales nos juntamos a compartir, escuchar, ver y caminar por dicha avenida. Se puso un templete en el que ciertos artistas (no de nuestro entero gusto), alegraron la noche con su música y canciones mexicanas en general. Algunos grupos norteños a los que no somos muy afectos, pero la iluminación del ángel de la Independencia si era algo digno de ser visto.

A las orillas de esta avenida, se pusieron puestos de fritangas, dulces, comida y todo tipo de mercancías que resultaran interesantes para la ocasión. La gente bailaba, y se comportaba de forma muy civilizada.Desde las personas abrigadas (ya que la noche fue especialmente fría), hasta alguna "sexy" mujer de estas que lucen sus atributos (adquiridos de nacimiento o logrados por las hoy tan socorridas cirugías plásticas) y que decidieron correr el riesgo de una pulmonía para lucir sus cuerpos, era todo un espectáculo interesante y divertido.




A las doce en punto se lleno de jubilo el lugar y todos contamos en voz alta los minutos por la llegada del nuevo ano 2009, acompañados de música, cambios de luces y fuegos artificiales bonitos. Lo que si me parece terrible es la poca consideración que existe por los demás en este país, porque el volumen de las inmensas bocinas, creo que se debía escuchar hasta lugares bien lejanos. Así que pobre del que no quiera participar de esto, o peor aun de aquellas personas que estuvieran enfermas y con la mala suerte de vivir cerca del lugar. Diríamos que esto solo ocurre una vez al año, pero si sumamos todas las fiestas que se celebran en este país, son muchas las ocasiones en las que para que unos cuantos se diviertan, todos deben soportar el ruido y la fiesta.




Por ejemplo, nosotros que vivimos a media cuadra del monumento a La Madre, apenas pudimos disfrutar un par de semanas la "limpieza y tranquilidad" de dicha explanada (después de que la abandonaran los supuestos campesinos de los 400 pueblos indígenas), inmediatamente se comenzaron a construir carpas. Estas carpas fueron hechas para albergar la famosa "feria del juguete" que seguramente dio oportunidad a personas de bajos recursos de hacerse de juguetes para sus criaturas, a precios muy buenos. Yo me di una vuelta y comprobé que así fue, pero durante el par de semanas que duró esto, tuvimos que escuchar gritos, música y jaleo y medio. Esto siempre acompañado de las siempre socorridas ambulancias y patrullas que se aparecen no menos de dos veces al día, haciendo un buen escándalo para que los vándalos tengan oportunidad de correr, porque imagino que muchos de estos son socios de nuestra desprestigiada policía.





El día 5 por la noche fue el "famoso día", porque cientos de personas llegaron aquí a comprar los juguetes de los niños. Temprano, se veían las familias muy simpáticas compartiendo la felicidad de comprar sus juguetes. Pero ya para la tarde, algunas personas seguramente acompañaron esta ocasión familiar con bebida alcohólica, lo que fue subiendo el tono de la fiesta.Para no aburrirlos con mi relato, solo terminare diciendo que, alrededor de las cuatro de la mañana, los gritos, patrullas, música e insultos, eran muchos. Desde luego, al otro día la basura y la paz, eran lo más notorio. Quizá yo soy un ser de otro planeta, pero no entiendo algunas formas de diversión en las que no se toma en cuenta al resto de la ciudadanía.





¡Viva México!, terminaron las Santas Fiestas y con ellas la socorrida "Guadalupe Reyes" (tradicionalmente, una borrachera continua) que comienza con el cumpleaños de la patrona y tan querida virgen de este país, La Virgen de Guadalupe y que concluye con el día en que los famosos Reyes Magos visitan las casas para dejar sus regalos a algunos afortunados niños Mexicanos, ya que es un país todavía muy pobre y no todos los niños tienen esta suerte.

Sanuk