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domingo, marzo 23, 2014

Una increíble sorpresa en Los Ángeles, California.



Me encontraba en Los Ángeles cuando un grupo de amigos actores me invitaron a una obra que se estaba llevando a cabo en un pequeño teatro.
Quedé maravillada ante esta presentación teatral, porque me sorprendió la actuación de algunos actores, especialmente la de una chica (que luego me presentaron) que me impresionó enormemente. Ella se llama MARÍA y representaba el papel de Masha en la obra La Gaviota del gran escritor y dramaturgo Antón Chéjov,  a quien hoy nombran Padre  del Arte Contemporáneo.
La seguridad con la que representaba su papel como si fuera una reencarnación del  personaje icónico de la obra, me maravilló por completo.
El maquillaje soberbio, sobre todo cuando me enteré que ella misma se maquilla.
Esta obra se presentó como final de la carrera artística de estos muchachos egresados de La Stella Adler Academy allí mismo en Los Ángeles.

Otra cosa que me sorprendió además de su talento, fue escuchar su inglés fuera del escenario, es perfecto, con una pronunciación nativa y refinada. Yo pensé que era americana o inglesa, pero resultó ser mexicana como yo, que conozco gente común y que he vivido en lugares cercanos. Así que me enorgullecí de ser mexicana, de visualizar más éxitos para mexicanos en la actuación. Escucharla platicar con esa pasión que es característica muy común en el carácter latino, aunado a su talento, su educación bilingüe y su amor por la actuación, fue una muy interesante experiencia.




María nos acompañó a tomar algo y me platicó que sus primeros estudios de actuación los realizó en México en La Casa Azul y fue entonces donde me dije...qué maravilla cuando los seres humanos nos mezclamos racial y culturalmente. Esta fue la grandeza de Estados Unidos, que hoy está en cierta decadencia y en peligro de perderla por la paranoia que se ha generado con respecto a la seguridad y el control.

En fin, que el tema de esto es María y quisiera seguir compartiendo para que más gente se entere de la calidad de actores, directores, cinematógrafos, y demás personas involucradas con las artes, originarios de México y que tristemente se van al extranjero porque hay más oportunidades fuera para los que tienen talento y destacan. Así que le pregunté sí vendría a México al terminar este periodo de actuación y preparación. A lo que contestó que ella está abierta a escuchar ofertas y evaluarlas en base a su crecimiento como actriz. Que aunque trabaje, quiere continuar estudiando para mejorar cada día, que su amante hoy por hoy, es el teatro y que le encantaría compartir con otro amante que sería la pantalla.
Aquí incluiré alguna foto para que se aprecie lo que  describo y compartir esa, su belleza natural.




No se sí podré asistir a su próxima  presentación pero me encantaría. Los invito si van a viajar o viven en Los Ángeles a que lo hagan. Desde el 14 de Marzo en que se estrena esta puesta en escena, acudan al teatro a ver su próxima actuación en el papel de Elizabeth, una niña joven de Utah que va a Nueva York  con su novio Rick, siguiendo el sueño de ser actriz. Su inocencia y las manipulaciones de Paul terminan por destruirla. La obra es: "Six degrees of separation" de John Guare, que será dirigida por el recientemente ganador a un Óscar, Milton Justice.

Finalmente, María me dice que hoy se sigue sintiendo... la misma niña que soñaba con ser actriz, con las mismas ganas, con la misma fe de que alcanzará lo que se proponga. Hoy ya convertida en una mujer fuerte que es responsable y autosuficiente, independiente y que está constantemente trabajando para encontrar su lugar, ¡que no tiene miedo al fracaso ni miedo a la vida!
Por sí alguien aquí la reconoce, su verdadero nombre es: María Fernanda Bosque Andrade.





jueves, agosto 25, 2011




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Los Ciclistas y su eliminación en la Ciudad de México

"LA RAZON Y TOLERANCIA SON MIS RELIGIONES" (STEPHEN FRY)

Pero:

"Si somos absolutamente tolerantes, y no defendemos la sociedad tolerante contra sus asaltos, los tolerantes serán aniquilados y junto con ellos la tolerancia".

Esto es lo que encontré escrito en un muro en el museo de La Tolerancia en Ave. Juárez.

O sea que hasta museos tenemos por todo el mundo para que aquellos especímenes como el locutor ANGEL VERDUGO, quien hace honor a su apellido a propósito de sus CRIMINALES COMENTARIOS e invitación a aquellas personas que al igual que él carecen de sentido común, empatía con los demás y tienen rasgos criminales antisociales notorios para el resto de los humanos que tratamos de convivir en armonía y mejorando día a día nuestro entorno.

Yo soy de estas personas que desde que comenzó el programa de bicicletas en el D.F. lo apoya y desde luego estoy inscrita a este.

Voy a defender siempre las causas en las que claramente el débil es la víctima. No voy a hondar en si somos (todos los Mexicanos) los ciclistas, peatones, automovilistas, etc., civilizados o no, porque este es un tema amplio que sabemos está carente de reglas y cultura para manejarnos en sociedad.

Pero no por ese motivo podemos justificar nuestras neurosis y patologías criminales, porque terminaríamos teniendo hornos para cremar a todas aquellas personas con las que no congeniamos.

El Señor ANGEL VERDUGO, no solo tiene todas estas patologías, si no que hablando de cultura, empatía, justicia, etc., se dedica a comunicar. ¿Que puede comunicar un individuo como este a nuestra ya deteriorada sociedad?

Es por este motivo que yo más bien los invito a apagar los aparatos que transmiten noticias con mentiras (la mayoría de estos aparatos y canales que transmiten), para que aquellas personas que solo gustan de monologar, se callen para siempre.

Somos los mexicanos una sociedad tan tolerante que por esto la frase del museo de la tolerancia, deberíamos escribirla como antiguamente nos hacían escribir en los colegios después de cometer alguna falta, para así no olvidarla. Porque aunque la tolerancia (la frase con la que comencé este escrito) es la base de una sociedad congruente y empática, no puede ser extrema a los niveles de la nuestra.

Solo hay que ver lo que sucede en todo el mundo respecto a los movimientos de inconformidad y comparar con lo que nosotros los mexicanos hacemos aquí al respecto.

Pero con todos los problemas y calificativos negativos que se hace de la nuestra sociedad Mexicana, yo voy a decir que sí podernos cambiar y sobre todo si estamos unidos aquellas personas que tenemos claro que el cambio no se generara desde arriba, que tiene que venir de abajo (de la gente).

Porque está demostrado que no hay nada más poderoso que la gente unida y es por esto que los invito a ¡UNIRNOS PARA HACER DE ESTE NUESTRO MEXICO, UN LUGAR DIGNO DE ADMIRACION!

Nosotros ciclistas estamos dispuestos a respetar todas las reglas de transito siempre y cuando a nosotros se nos respete como lo que somos, individuos que vamos sobre dos ruedas (sin motor, sin contaminación) y desprotegidos. Aunque hagamos cosas incorrectas, eso no otorga derecho a ningún individuo de cometer un acto criminal.

Más o menos como cuando se cruza la calle como peatón.

TODOS HASTA EL QUE MENOS, ALGUN DIA SE BAJA DE SU VEHICULO (el que sea con motor o sin él) y se vuelve un peatón.

Observen el respeto que hay para estos.

Como no podemos cambiar de la noche a la mañana las no reglas de transito, ni matar a los parásitos como el Sr. ANGEL VERDUGO, dado que la mayoría de nosotros no somos PSICOPATAS, les invito a aplicar la ley de oro acerca de la preferencia que se tiene al circular por nuestras ciudades y que a mí me ha funcionado toda la vida:

1.- EL PEATON TIENE PREFERENCIA AUNQUE COMETA FALTAS DE TRAFICO (no podemos pasar sobre este con vehículos de ningún tipo)

2.- VEHICULOS EN DOS RUEDAS SIN MOTOR (sillas de ruedas, bicicletas de todo tipo, etc.)

3.- VEHICULOS DE DOS RUEDAS CON MOTOR (motocicletas, tricicletas, patinetas con motor, etc.)

4.- Automóviles, camionetas, autobuses, tráileres, etc........ ¡perdiendo lugar conforme a tamaño y potencia!

Se puede vivir en Anarquía pero con conocimiento, cultura y sobre todo, EMPATIA! Lo dijo claramente Bakunin.

Sanuk

domingo, junio 05, 2011

El acoso del Razonamiento

Este articulo está escrito por el escritor Español Javier Marías, al que admiro y he leído en el pasado.

Después de lo que escribí hace unas semanas, quiero poner este articulo de él, porque considero que vine muy al caso de lo que hable.

Espero coincidan conmigo en que es muy cierto que nuevamente debemos hacer un acto de conciencia y ver como todos juntos apoyamos y no dejamos que unos cuantos callen a la gente valiosa que todavía queda en estas sociedades tan descompuestas.

El acoso del Razonamiento

Hasta hace no mucho tiempo, existía una tradición inviolable, y lo que quiero decir con este exagerado adjetivo es que por supuesto podía violarse, pero quien lo hacía quedaba inmediatamente expuesto al descredito y privado de razón. Esa tradición atañía a la discusión, ya se diere en el ámbito privado, ya en el publico. Si alguien afirmaba algo en el transcurso de una cena o de una tertulia, y un interlocutor se lo rebatía con argumentos, el primero estaba obligado a refutar a su vez y a aportar nuevas razones que sustentaran lo que había afirmado y desbarataran las esgrimidas por el segundo. Si no encontraba esos nuevos argumentos, o estos carecían de peso y no resultaban convincentes –no ya para el adversario, sino para los presentes, que en cierto modo ejercían de árbitros, aunque solo fuera con murmullos de aprobación o desaprobación-, sus aseveraciones iniciales debían ser retiradas o matizadas, o quedaban lo bastante desautorizadas para diluirse: en todo caso no prevalecían. Le suponía aun mayor desdoro irse por las ramas y evitar la confrontación, lo que hoy se llama –con expresión pedestre- “echar balones fuera”: cambiar de tema e intentar desviar la atención del aprieto en que se hubiera metido. Y la peor de todas las reacciones, la que más lo desprestigiaba y jamás se consentía, era no contestar nada, callar, fingir que lo aducido por su contrincante no había existido ni por tanto necesitaba replica. Dentro de esa tradición se inscribía el viejo dicho “El que calla, otorga”, esto es, el que mira hacia otro lado y se pone a silbar, el que se hace el distraído y no se da por aludido tras una interpelación directa, está concediendo la razón al otro, está reconociendo su arbitrariedad o su equivocación. Y eso vinculaba, quiero decir que ese individuo ya no podía volver a la carga y seguir afirmando lo que había sido incapaz de demostrar o defender; quedaba desarbolado, y, cada vez que insistiera en sus opiniones carentes de base y de sostén, se le recordaría la argumentación que no pudo combatir.

Esta vieja tradición dialéctica, fundamental para la convivencia, ha saltado por los aires. Los políticos actuales no habrían sobrevivido a un solo rifirrafe de estas características hace veinte años, no digamos hace cincuenta. A ninguno se le habría tolerado –o no sin un monumental descredito para él- hacer caso omiso de las preguntas de los periodistas, de las opiniones fundadas de los columnistas, de las argumentaciones de sus adversarios. No habría sido de recibo que contestaran “Eso hoy no toca”, o “Que buen tiempo hace”, o “Lo único que importa es que somos lo mejor para España” ante una pregunta directa o en medio de una discusión.

Se los habría llamado de inmediato al orden: “Oiga, no me ha respondido”, o “No ha refutado lo que le he dicho”; y si se hubieran empeñado en seguir rehuyendo la cuestión, nadie les hubiera aceptado que volvieran a hablar, al menos no de esa cuestión. Esta actitud de los políticos no solo se consiente y no les trae consecuencias, sino que además ha contagiado al resto de la sociedad.

Lo habitual es hoy que, si alguien aduce o argumenta algo con suficiente convicción y el interpelado no sabe oponer resistencia, este finja no haber oído, o es más, finja que nadie ha oído, que las palabras que lo incomodan no han sido pronunciadas o escritas, no han existido. A veces, como mucho, las despacha con ese comodín ridículo de “Esa es su opinión”, como si las opiniones ajenas no nos afectaran y no debieran ser refutadas o contrarrestadas por la propia, eso sí, con argumentos. Hoy es posible asistir a este dialogo: “El sol sale por oriente”. “Ah, esa es su opinión”.

Lo más grave de esta actitud generalizada, y admirada por los espectadores o árbitros, es que pronto muy pronto, los que se molestan en razonar desistirán de ello, en vista de su inutilidad. Y eso es lo que en el fondo anhelan los políticos y cuantos no soportan disensión ni discrepancia alguna. Hace unos meses leí que ya se había producido un abandono: Félix de Azua, uno de los mejores argumentadores de nuestro país, anuncio que dejaba sus colaboraciones en El Periódico de Catalunya ante la imposibilidad no ya de convencer a nadie de nada, sino ante la evidencia de que sus columnas eran leídas como quien lee llover (no pude ver ese texto suyo, pero si algunos comentarios sobre él). Cuánto van a durar deslomándose, dándose con la cabeza contra una pared o contra el vacio, los que aun aspiran a tener razón –y, por tanto, a que se les dé- y se preocupan de demostrar que la tienen mientras otro no se la quite con las mismas armas dialécticas de buena ley? ¿Cuánto más duraran sin hartarse los Sabater, Ferlosio, Ramoneda, Julia o Gómez Pin, por mencionar a unos pocos articulistas de este diario, si lo único que obtienen son ladridos en el mejor de los casos y oídos sordos en el peor? ¿Si los gobernantes o los contrincantes no se dan por aludidos aunque hayan sido señalados con el dedo, y no van a sentirse obligados a responder ni a rectificar, y la ciudadanía en pleno se lo consiente? A este paso llegara un día en el que las cabezas pensantes habrán sido anuladas por el agotamiento, el hastío, el desaliento que esta situación produce. Y entonces estaremos aun más desahuciados: aunque ahora no haya respuesta ni reacción, y solo “balones fuera”, los argumentos todavía existen, y los lectores- árbitros disponemos de ellos. Lo malo de veras será cuando a nadie le compense el esfuerzo, y nadie lleve la contraria a los vacuos que –ellos sí, impertérritos- seguirán hablando, e imponiendo.